Fundada en los años 50 como destilería de esencias, la finca pasó de ser un viñedo a un huerto de 40 hectáreas de cítricos. Desde 2013, y ya en la tercera generación de la familia, funciona como establecimiento hotelero.
La finca cuenta con una piscina de agua salada en medio del naranjal y una azotea con vistas al mar y a la sierra, ideal para relajarse y disfrutar del servicio de bar.